Antes que nada quisiera pedirte una disculpaÉ.

 

Me siento como un intruso plantando flores en jard’n ajeno, sin haberle pedido permiso a los due–os del lugar.

 

Si algœn d’a ya muy tarde, estando en tu oficina; una vez que se hayan ido todos,  pones en el estereo la canci—n de ÔLascia chÕio piagnaÕ*, a un volumen en el que todos tus sentidos se encuentre absortos y atentos.  A un volumen donde te mantengas alejado del mundo en el que vivimos.

 

Posiblemente, y muy remotamente encontraras al ser que llevas dentro. Encontraras que a nuestra edad, nos hemos olvidado de nosotros mismos. Nos hemos devaluado considerablemente. Pasamos todo el d’a trabajando para cuidar de los nuestros; lo hemos hecho muchos a–os, el reto se ha convertido en costumbre y en algunas veces hasta en rutina. Vamos todos los d’as como aut—matas, al mismo lugar con los mismos problemas y con la misma irrealidad.

 

Me pregunto, ÀDonde esta el reto que nos hacia levantarnos todos los d’as?. ÀEl trabajo que realizas es apasionante?, al igual a como lo fue hace a–os. Si te preguntara que es lo que te apasiona de tu trabajo, Àlo podr’as contestar?, antes de emitir sonido, piŽnsalo bien al menos durante unos minutos.

 

Vivimos encarcelados en la prisi—n que nosotros mismos nos hemos construido. De igual forma que lo dice la canci—n.

 

 

Lascia ch'io pianga

(DŽjame llorar)

la dura sorte,

(sobre mi dura suerte)

E che sospiri la libertˆ!

(Y yo suspiro, por la libertad)

E che sospiri, e che sospiri la libertˆ!

(Y yo suspiro, y yo suspiro por la libertad)

 

 

Lascia ch'io pianga

La dura sorte,

E che sospiri la libertˆ!

Lascia ch'io pianga la dura sorte,

E che sospiri la libertˆ!

E che sospiri, e che sospiri la libertˆ!

 

Lascia ch'io pianga la dura sorte,

E che sospiri la libertˆ!

 

 

En unos a–os, quiz‡ mas pronto de lo que pensamos, nuestros hijos volaran, tomaran rumbos distintos, cada uno buscando lo que desea en la vida. Cunado esto suceda te preguntaras ÀQuŽ nos paso?; donde quedo tu ÔyoÕ, tu ser, tu esencia.

 

Si ese d’a cuando pongas la mœsica en tu estero y despuŽs de pensar sobre todo lo que escribo en estas l’neas, Oh! si solo llega ese grandioso d’a, te sentir‡s con ganas de llorar y te das cuenta que es imposible; sabr‡s lo que es llorar sin derramar lagrimas.  As’ como tener un nudo en la garganta, sin poder emitir sonido. Sentir‡s la angustia, te sentir‡s descubierto y vulnerable. Si las lagrimas te brotan, considerate mas afortunado. Bienvenido al club, ya somos mas. Esto se llama Ôser humanoÕ con sentimientos y limitaciones.

 

Yo todav’a me encuentro en la etapa antes que mis hijos dejen el nido, pero puedo observar que pronto llegara. Antes de que esto suceda, tengo que reencontrarme, tengo que desempolvar a ese adolescente lleno de sue–os e ideales. Ese que cre’a que pod’a comerse el mundo en dos mordidas. El rebelde que nunca le importaba lo que pensaran los dem‡s. Todav’a nos quedan muchos d’as en la vida por delante y tenemos que poder planearlos junto con ese otro yo y cualquier persona significativa en nuestras vidas. La otra opci—n, es impensable, mas bien imposibleÉ

 

Hoy nos encontramos en nuestra Ôzona de confortÕ, esa misma en la que estamos sumidos y de donde tenemos que salir. Nuestra vida se ha vuelto muy organizada, muy predecible, muy É Ôest‡ticaÕ. Debemos de agregarle un poco de Caos, de intriga, pasi—n y un poco de poes’a y arte. Tenemos que hacer que nuestros deseos e ilusiones vuelvan a florecer.

 

Si llegara este d’a en tu vida, una sola palabra que provenga de ti, para mi ser‡ suficiente;

pues entenderŽ perfectamente como te sentir‡s.

 

 

J. Ignacio Ulacia

(27.11.2008)

 

* ÔLascia chÕio piagnaÕ, Interprete Sarah Brightman, Opera Rinaldo HWV7, Handel